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LÁGRIMAS DE EMOCIÓN

enero 5, 2010

En verdad no es para menos, leer este artículo es para hacer brotar lagrimas de emoción a cualquier vasco que se precie de tal. Lo que no puedo comprender es como vascos que lean un artículo de estos, me refiero a los vascos dormidos, a los vascos que todavía no se enteran que el enemigo de su patría, de nuestra única patria, son los gobiernos de España y de Francia, puedan permaner impasibles ante tal nobleza del extranjero amigo y que mientras que éste clame por nuestra libertad, vea la realidad de nuestra lucha, él, vasco traidor, siga al lado del enemigo, del que tortura y asesina al hermano, del que pisotea a nuestro pueblo
No se pierdan esto, es simple y sencilllamente fantástico.

¡ SALUD EUSKAL HERRIA !
TU PUEBLO ESTÁ HACIENDO HISTORIA
Por Carlos Aznárez
Los pueblos cuando se movilizan por causas justas, conmueven, generan cambios profundos, marcan huella. Demuestran, sobre todo, que no están de rodillas frente a la prepotencia.
Los pueblos cuando se echan a caminar, inundan de dignidad las calles, las empapan de amor y esperanza, pero también, cuando se les niegan derechos, suelen rabiar de tal manera, que su bronca hace temblar a los poderosos, huir a los cobardes y hasta hacer caer a los gobiernos despóticos.
Bien sabemos los hombres y mujeres de Latinoamérica lo que eso significa.
De todos modos, hay pueblos que con su rebeldía permanente, con su valentía desafiando a la represión, a la tortura, a la muerte, han ido construyendo de hecho, un territorio distinto al que le imponen, una geografía de autodeterminación e independencia, aunque estas reivindicaciones no se hayan alcanzado todavía.
El pueblo vasco es de esa estirpe. ¿Ustedes pueden imaginarse cuántos kilómetros han caminado las mujeres y hombres, los jóvenes, los niños y hasta los viejitos de Euskal Herria, para reclamar ante el poder imperial (el español y el francés) que les dejen elegir su identidad?. Decenas de miles de kilómetros han sido recorridos por pies incansables que exigen respeto a sus derechos humanos, que se terminen los traslados y dispersión de presos y presas, que se acabe para siempre esa costumbre de aplicar electrodos, sumergir en recipientes de aguas con excremento, de gasear, de golpear, a los cuerpos desvalidos de los detenidos.
Lo he visto con mis propios ojos, he palpitado marchas multitudinarias como las de este sábado en Bilbao, he oído los disparos de los policías españoles contra esas muchedumbres, he visto caer a compañeros y compañeras vascas bajo las feroces siluetas de unos monstruos uniformados que fueron formados por el Mossad sionista, he compartido con ellos y ellas, la alegría de pequeños triunfos cuando alguno de los cientos de presos y presas (760 para ser más exactos, en la actualidad) lograban recuperar la libertad. He manifestado la bronca de ver los rostros de tantos y tantos jóvenes en carteles portados por sus familiares, he sentido la impotencia de escuchar los relatos de esas mismas personas, padres, madres, hijas, hijos, hermanos, hermanas, cuando tienen que recorrer distancias enormes para ver 30 minutos a esos prisioneros de guerra. He visto sus rostros crispados cuando los carceleros intentas cachearles, desnudarles, humillarles. Como en Palestina, como en Turquía, como en Iraq, como en Colombia. Como en Estados Unidos hacen con los familiares de los 5 héroes cubanos o con los de los patriotas puertorriqueños.
Por eso, me imaginaba esta tarde del segundo día de este nuevo año, cuando aún muchos siguen festejando las tradicionales fiestas, lo que serían las calles de Bilbao, bajo el paso seguro de quienes no están dispuestos a cansarse nunca, mientras no haya justicia.
De nada sirvieron las prohibiciones de los mal llamados “socialistas” que gobiernan con mano dura y fascista, deshonrando esa palabra tan cara para los revolucionarios del mundo. De nada tampoco, las advertencias de los jueces (Garzón, Marlasca, todos nombres de un staff de brutal castigo a las ansias de libertad de Euskal Herria).
El pueblo volvió a salir, inundó de voces y consignas las grandes avenidas y generó de esta manera la manifestación más grande de solidaridad con sus mejores hijos e hijas que pagan en las mazmorras españolas y francesas su reivindicación de soberanía y libertad.
Quien no crea lo que digo, péguese una vuelta por el País Vasco, pregunte, camine sus calles cargadas de tantos recuerdos de lucha, comprueben ustedes mismo el “apartheid”, y seguramente, como ya ha ocurrido con tantos que lo han hecho, se darán cuenta que el independentismo es una realidad que no podrán ahogar con más cárcel, o con más balas, ni con torturas o desapariciones.
Cuando un pueblo se pone en marcha y se sabe poseedor de la razón, de nada vale la fuerza del peor de los imperios. ¡Salud Euskal Herria! Que tu ejemplo de resistencia, siga alumbrando a todo el Tercer Mundo.

Mi querido Carlos Aznárez:
No tengos palabras para expresarte mi agradecimiento. Tan sólo y de todo corazón te mando un fuerte abrazo de hermano.
¡Gracias Carlos! ¡Muchas Gracias!
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