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RECUERDOS DE LA LUCHA I

diciembre 16, 2008

GACHUPINES QUEMANDO LA IKURRIÑA

GACHUPINES QUEMANDO LA IKURRIÑA

LA IKURRIÑA
Vamos a recordar algunas de las grandes batallas que ha llevado nuestro pueblo en este duro caminar hacia la libertd. Vamos a empezar con la Ikurriña.
Nuestra bandera no sòlo estaba prohibida sino que hasta el portar sus colores era motivo de detenciòn, torturas y càrcel.
Grandes y autènticas batallas campales hubo que librar para que al fin nuestra bandera pudiese ondear como le corresponde en todos los lugares de Euskal Herria y fuese paseda libremente.
La alegrìa en las fiestas de los pueblos era constante, pero faltaba siempre nuestra Ikurriña. Bastaba que un ciudadano vasco sacase una, para que estallese el clamor de la multitud que seguìa a una charanga o bailaban alegres al compàs de la mùsica en una plaza, pero la alegrìa no duraba mucho, o bien la guardia civil en los pueblos, o la policìa armada en las ciudades, llegaban en cuestiòn de minutos y cargaban contra la multitud desarmada como verdadera bestias. Los amaestraban para eso, para odiar los sìmbolos vascos y tambièn a cuanto vasco mostrase un mìnimo de amor a su patria.
En minutos la gente se refugiaba en donde podìa y las calles se quedaban vacias. Las puertas de las casas se abrìan solidarias para proteger de estas bestias al hermano en peligro. A quien conseguìan agarrar y entre varios txakurras, lo golpeaban sin piedad. Sì el caido no quedaba inconsciente se lo llevaban detenido para cuando menos ponerle una multa por alterar el orden, era una ridìcula acusaciòn, pues los ùnicos que alteraban el orden eran ellos, pero ya sabemos que en esto de las estupìdeces se las pintan solos. Si el caido quedaba inconsciente o herido, era una ambulancia la encargada de llevàrselo.
La Ikurriña aparecìa en los lugares màs inverosìmiles, como campanarios o paredes de montes inaccesibles. A veces nadie se explicaba como habìan podido aparecer en tales lugares, era evidente que los patriotas que las habìan colocado se tuvieron que jugar la vida. La gente miraba con admiraciòn el amado sìmbolo patrio y en su interior no podìa por menos que agradecer al valiente que habìa colocado la Ikurriña en el lugar. En otras ocasiones se colocaba en lugares màs accesibles y ante la mirada de numerosas personas que llenos de admiraciòn aplaudìan la osadìa, por supuesto, los valientes patriotas que tenìan ese arrojo iban con la cara tapada, pues era gente del mismo barrio o pueblo.
Como siempre. Ante la presencia de una Ikurriña las tropas fascistas españolas acudìan como toro al engaño a quitar la odiada bandera y de paso arrasaban con todo lo que hallaban a su paso. Estas ciegas embestidas a màs de uno lo llevò a la muerte, pues nuestro heroicos gudaris colocaban una Ikurriña en algùn lugar y bajo èsta, adosada al palo, una bomba. De tal manera que cuando con su odio habitual iban a retirar la Ikurriña, salian volando con bandera y todo, lo cual todo el mundo lamentaba profundamente. La pèrdida de la Ikurriña claro està.
En ocasiones se daban el gusto de quemar la bandera delante de la gente, que desde la distancia les lanzaba toda clase de insultos y silbidos.
Entre los miles de casos que se han dado en la lucha por la Ikurriña se diò uno en Donosti que si no hubo una gran masacre fue de verdadero milagro.
Era un domingo de regatas. Tras finalizar èstas y como es habitual, la Parte Vieja de Donosti se llena de gente y es tal la multitud que acude a la Plaza de la constituciòn que hasta se hace difìl dar un paso. Esto sucede el segundo domingo de regatas y cuando la trainera vencedora va a la Plaza a recibir el premio, que es una gran bandera de la ciudad y por ello la regata se conoce con el nombre de La Bandera de la Concha.
Como cada año los remeros ganadores subieron al balcòn de la bibloteca y comenzaron a ondear la bandera ganada ante la multitud de personas. En los balcones tambièn ondeaban la bandera española y la de San Sebastiàn.
Tras el acto se retiraron los remeros y unos cuantos jòvenes se subieron al balcòn en un acto por demàs riesgoso y colocaron La Ikurriña tirando la española al suelo.
No pasaron ni cinco minutos cuando el aular de las sirenas policiales se dejaron oìr. La gente comenzò a correr despavorida quedando muchos tendidos en el suelo. Habìa mujeres y niños, familias enteras que llegaròn para presenciar la entrega de bandera. Los txakurras de gris, o gristapo, se apoderaron de la plaza tras dejar varios heridos. Desde los balcones de la plaza numerosa personas, asomando la cabeza con precauciòn, presenciaban a los cobardes invasores haciendo alarde de fuerza y siempre prepotentes. La plaza ya estaba desierta de personas. Entonces uno de estos animales se dirigiò hacìa el centro de la plaza llevando la Ikurriña en sus manos y procedieron a prenderla fuego. Impotentes muchos ciudadanos tan sòlo y como siempre procedìan a lanzarles insultos y silbidos.
Se retiraban de la plaza y todavìa un vehìculo atropellò a una señora y su niño. Fue tal el reclamo de la sociedad a la violencia empleada, que por algòn tiempo estas llamadas por ellos las fuerzas del orden y que no eran màs que las criminales del desorden, no entraron en la Parte Vieja, lugar de cientos de duras batallas.
Como no va a dar risa cuando ahora sale una loquita como la del video a reclamar el derecho de la bandera española y decir que èsta es perseguida.
A la tarde de aquel lejano dìa se hizo un tùmulo para la Ikurriña y se entonò el Eusko Gudari, el himno de lucha vasco y unas horas despuès era quemada una bandera española en la misma plaza.
No sòlo con la represiòn policial intentaban acabar con la presencia de la Ikurriña, tambièn y al igual que ahora para otras batallas, tenìan a su prensa fascista.
En aquel entonces habìa dos diarios matutinos y dos vespertinos en Donosti: Uno era el Diario Vasco todavìa en circulaciòn y el otro La Voz de España, cuyo editor era el mismo que Unidad, el diario de la tarde.
Pues fue a èste a quien se le ocurriò la genial idea de decir que habìa que sacar una bandera que fuese para los guipuzcoanos, como si èsta fuese una provincia de España y fuera de Euskal Herria. Comenzò a publicar en su diario diversos colores y pedir sugerencias para tal bandera. Los resultados para èl fueron desastrosos. Miles de pegatinas lucìan los jòvenes en sus pechos pidiendo boicot para La voz de España, numerosas camionetas de reparto fueron saqueadas por nuestros guerrilleros y quemados los periòdicos, fue de tal magnitud la lucha contra el periòdico fascista que en poco tiempo desaparecìò para siempre lo mismo que Unidad.
Nada podìa detener la lucha por conseguir que nuestra bandera fuese libre y la bandera de nuestra Euskal Herria. Tras las grandes y sangrientas batallas por ella, comenzaron a llegar las alegrìas.
En octubre del 76 los dos equipos de futbol vasco de primera divisiòn se enfrentaban en Atocha, campo de la Real Sociedad, en el clàsico derby vasco. El campo estaba abarrotado de seguidores de los dos equipos.
Comienzan a salir los jugadores. Los dos equipos al contrario que en otras ocasiones comienzan a salir juntos. Los jugadores de ambos equipos van en fila, al frente los capitanes, Cortabarria de la Real Sociedad a la derecha e Iribar del Atletic de Bilbao a la izquierda. Las dos aficiones, siempre enconadas rivales, ahora se sienten hermanadas y estallan en un caluroso aplauso, pero eso no era nada para lo que estaba apunto de suceder. Cuando apenas han dado unos pasos los capitanes se les hacerca un jugador de la Real, que estaba lesionado y por lo tanto vestìa de civil, y entrega una Ikurriña a èstos, quien la agarran entre los dos y siguen rumbo al centro del campo.
Quizàs jamàs un campo de futbol haya brivado de emociòn como aquel dìa el viejo Atocha. Las lagrimas no pueden ser contenidas por numerosos aficionados, los momentos de emociòn que se viven son indescriptibles. ahì estaba la bandera de nuestro pueblo heròico, paseando por el centro del campo de futbol y en un partido de liga, el màs importante para los vascos. Era un hecho, nadie iba a poder parar a nuestro pueblo en su lucha por nuestra bandera, la Ikurriña estaba a punto de salir finalmente victoriosa.
Tan sòlo unos mese despuès, el 18 de enero de 1977, la Ikurriña era despenalizada por el gobierno de Suarez. La fecha no podìa ser màs propicia.
El 19 es vìspera de San Sebastiàn, patrono de la ciudad. A ùltima hora de la noche se acostumbra a ir a la Plaza de la Constituciòn en donde una tamborrada al compàs de la mùsica hace que se ize la bandera dando comienzo a la fiesta. Son las doce. Comienzan a izarse las banderas que todos los años eran la de San Sebastiàn y la española de la invasiòn. Ahora, junto a ellas sube la Ikurriña. Como dos meses antes en Atocha la emociòn es enorme. Ahì està nuestra bandera, la de todos los vascos. Atràs van quedando los tiempos de lucha, de dolor, de sufrimiento. EL pueblo vasco acaba de ganar una titànica batalla. Estallan los gritos emocionados de ¡Ikurriña bai (sì) española es (no)! Sì, los vascos queremos nuestra bandera, La Ikurriña y no queremos la bandera de la represiòn, la impuesta, la del invasor, la que tanto sufrimiento nos ha traido.
Por nuestra bandra dieron la vida numerosos patriotas, por ella nuestro pueblo fue masacrado en numerosas ocasiones, pero gracias al sacrificio de nuestros luchadores hoy nuestra bandera ondea libre en toda Euskal Herria.
Se ganò la guerra por la Ikurriña como se han ganado otras muchas batallas, pero todavìa queda lo principal: LA LIBERTAD DE NUESTRA PATRIA. ¡LA RAZÒN ES NUESTRA, LA VICTORIA LO SERÀ!

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