DERECHOS DE CONQUISTA

Es curioso, muy curioso, es como cuando uno lee o ve todo lo que dicen los partidos políticos que están contra ETA o los propios vascos, más detestables todavía, que también lo están. Hablan y hablan o escriben y escriben, y no dicen absolutamente nada más que las idioteces y falsedades de siempre. Uno lee un comunicado de ETA y cada párrafo, frase, palabra y hasta letra, parece estar brillando como si se hubiese escrito con pluma de oro, resalta la hermosura de la sinceridad y la realidad que cada plumazo o teclazo deja plasmado en el papel.
Lo mismo sucede cuando uno ve la sarta de idioteces, falsedades y mentiras, que dicen los miles de anormales que se llaman periodistas y que no son más que lacayos al servicio del gobierno invasor y se compara con quien escribe lo real de nuestro conflicto, a los primeros sólo les pueden creer los anormales que no se dan cuenta del lavado de cerebro que les están haciendo y que en realidad ésta es la misión que tienen, la de lavar cerebros. El segundo dice exactamente lo que es, sus comentarios son reales e inobjetables porque están precisamente basados en una realidad.
Vean este sensacional comentario:

“GARA > Idatzia > Iritzia> Jo puntuaFloren Aoiz http://www.elomendia.com
Derechos de conquista
Una de las prerrogativas del vencedor, además de la de escribir la historia, es la de castigar a quien ose contarla de otro modo. El conquistado pierde sus derechos, le roban su identidad y no puede construir su propio relato de los hechos. De hecho, se le impone un nombre y es reprimido si pretende defender el suyo propio.
El conquistador decide qué nombres puede usar el conquistado. Por ello, no puede extrañarnos que un tribunal español, aplicando su visión española de la legislación española vigente, se crea con derecho a imponer qué términos puede utilizar el pueblo vasco para llamarse a sí mismo. Las normas las pone el conquistador y si se lleva a juicio a sí mismo, siempre gana. Siempre.
La «justicia» española decide qué pueden aprender de sus maestras y maestros las niñas y niños de Euskal Herria. Han decidido que no pueden aprender que su país se llama Euskal Herria. De hecho, no tienen otro país que España, o Francia si se cruzan los Pirineos. No es difícil entenderlo: si eres juez español y quieres seguir siéndolo es muy importante para ti que las jóvenes generaciones no se pregunten qué haces impartiendo «justicia» en Euskal Herria o por qué los vascos no tenemos nuestras propias leyes.
Hay vascos que no quieren hacerse esas preguntas, porque son muy españoles. Las conquistas hacen aflorar una de las facetas más miserables del ser humano: la sumisión, especialmente la sumisión agresiva, la que caracteriza a los más papistas que el Papa. El sumiso crea su propio relato y pasa así de ser conquistado por los españoles a ser el más español de todos los españoles. Una invasión se convierte en un libre pacto de incorporación, una masacre en una feliz unión, la dependencia en un pacto entre iguales.
El sumiso es el más conquistado de entre los conquistados, porque a él sí lo han vencido y dominado. Va con el poderoso, se doblega. Si bien el sumiso es español y monárquico, si el vencedor en la disputa hubiera sido París sería francés y republicano, el más francés y el más republicano. Del Burgo, Sanz y Barcina clamarían que nunca hubo territorio más francés que Navarra.
Y es que ha sido el Gobierno de Navarra, el mismo celebrará los cinco siglos de la conquista de 1512, quien ha llevado este asunto de Euskal Herria a los tribunales, que han querido premiar este alarde de sumisión. Una vez más, la ley española protege a Navarra del anexionismo vasco. El estado que se construyó destrozando nuestra estatalidad nos defiende de quienes pretenden recuperar nuestra estatalidad. ¿Quién vela mejor por nuestros derechos que quien nos conquistó?
Los guardianes de la navarridad han alzado su dedo acusador contra ese sistema de adoctrinamiento nacionalista que inculca en la infancia esa ocurrencia de Euskal Herria. Nunca descansan en la defensa de Navarra. Si se tratara de enfrentarse a Madrid, los veríamos temblar, postrarse hasta besar el suelo. Ahora, temerosos de que nuestra sociedad asuma su propia identidad rechazando la que le han impuesto, quieren judicializar el sistema de enseñanza y criminalizar las ideas, pero están perdiendo la partida porque el futuro no va a ser de los sumisos”.

Más claro ni el agua, al pan pan y al vino vino. Muy cerrado de cerebro hay que ser para no comprender lo que nos dice el autor en este sensacional artículo lleno de realidades.

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Una respuesta to “DERECHOS DE CONQUISTA”

  1. FERMIN Says:

    Hola, yo soy navarro, amante de la cultura vasca de parte de mi tierra, carlista y foralista radical por tanto y he de decirte que la interpretación que se da de la integración de Navarra en Hispania en ese artículo es un absoluto disparate y un enorme despropósito. Despropósito y disparate al que por cierto se ha unido en alguna ocasión UPN a la iniciativa 1512 Nafarroa Bizirik. Si se pretende criticar la exposición titulada De Reyno a Comunidad Foral organizada en el Archivo de Navarra tampoco es que UPN ande demasiado diestra en la interpretación de los hechos.

    Como bien desarrolló Armando Besga, en un mundo rural, como el del primer milenio, el reino de Pamplona nació en una ciudad, esto es, nació en lo distinto: en lo heredado de Roma. Era ya en tiempos inmediatos a la invasión musulmana, una ciudad visigoda situada en la frontera con los vascones; fue la ciudad hispanocristiana que más veces se rebeló contra los musulmanes en el siglo VIII, lo cual indica la existencia de una alianza de los antiguos enemigos (Pamplona y vascones) frente a un enemigo común: el Islam. Esa alianza tuvo un carácter decisivo en la larga y compleja gestación del Reino hispano de Pamplona.

    Por tanto, los orígenes hispanogodos del reino están y siempre estuvieron documentados: todo lo relativo al Derecho pamplonés y navarro se relaciona con la tradición romano-visigótica, los códices neogóticos encargados por miembros de la dinastía jimenda, utilización de la cursiva visigótica, etc…etc…etc…que para nada la hacía extraña a otras tierras hermanas como Asturias o Aragón, sino que mas bien, seguía su misma evolución.

    Sancho III el Mayor, el gran monarca pamplonés, el “Rex Hispaniarum”, fue el artífice del nacimiento de los dos reinos que iban a ser llamados a cumplir el gran destino que la Providencia tenía reservado a la patria: por un lado Castilla, en la figura de Fernando el Magno (conde y padre del reino de Castilla en la figura de su hijo Sancho II) de sangre vascona como bien escribió Vizcarra Arana, y por otro lado, Aragón, en la figura de Ramiro su primer monarca y de sangre vascona como su padre y hermano.

    Esa fue la cosmovisión no solo del Mayor, sino de sus descendientes. De un conjunto de tribus pirenaicas se pasó a un gran reino que extendía su influencia desde tierras gallegas a catalanas. De las montañas, se había bajado a tierra llana y la expansión hacia el sur (que luego quedó ahogada por los reinos que ella misma había fundado) se hizo inevitable y deseada, recayendo en Nájera su capitalidad. El hermoso romance navarroaragonés, se asentaba y la historia del antiguo Reyno corría pareja a la de sus hermanos peninsulares, con los que luchó codo a codo, pues todos compartían ya desde siglos la misma empresa, en las Navas de Tolosa la gran batalla, si no decisiva, de la Cristiandad en Occidente.

    Fue el mismo Sancho VII el Fuerte, héroe y veterano ya de las Navas, quién firmó con Jaime I de Aragón un tratado de prohijamiento o adopción, por el que se instituían ambos dos, herederos de sus respectivos reinos; tratado que no llegó a cumplirse pero que dio muestra de la poca visión individualista, pero gran visión hispana que tenía el Fuerte. Por desgracia, en este caso, el pueblo navarro es celoso de su independencia y libertades y buena parte de él no vió con buenos ojos que su reino cayera en manos del rey conquistador, quizá recordando la amarga experiencia que quedó cuando el gran Alfonso el Batallador de Aragón y de Pamplona, lego sus reinos a las órdenes militares. A partir de ahí, Navarra se convirtió a su pesar, en patio de atrás de las dinastías francesas, salvo pocas excepciones como la de Carlos III el Noble, hasta que fue recuperada legítimamente por Fernando el Católico: Tanto su esfuerzo como el de su esposa, la gran Isabel la Católica, estaba en ensanchar su imperio por el ámbito geográfico que la naturaleza parecía haberles señalado. La Hispania romana y visigótica no podía ni debía estar mutilada por ninguna de sus partes y en ello centraron sus esfuerzos.

    Proyectaron varios enlaces entre príncipes de Navarra y de Castilla, planes siempre frustrados desde el lado francés. Se intentó atraer a Juan y Catalina de Albret y apartarlos de la influencia francesa, protegiéndolos de las pretensiones de Juan de Foix, señor de Narbona, que pretendía arrebatarles la Corona. El propio Luis XII apoyaba a su sobrino Gastón de Foix con pretensiones al trono navarro, pero al fallecer éste en batalla, cambiaron las cosas. El interesado rey cismático de Francia se atrajo a Navarra de nuevo a su órbita y combatió al Papa Julio II por los territorios del norte de Italia, cosa que provocó su excomunión y la de sus aliados navarros y dio luz verde a Fernando, aliado de Roma, para recuperar, que no conquistar, el antiguo Reino. A partir de ahí Navarra se incorporó a Castilla, conservando sus fueros y libertades.

    Un saludo!

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